

Como no podía ser de otra manera, los nervios estaban muy presentes en la salida, la niebla interrumpía las vistas, la humedad calada en los huesos. La ilusión se reflejaba en los ojos de los presentes, alguna risa de circunstancia, las 17:19h falta un minuto y de entre la niebla se distingue una silueta conocida, efectivamente, aparece Ramón, cumpliendo su promesa, como siempre hecho un "dandi" del siglo XXI. Enfundado en su cardigan nos saluda efusivamente con el objeto del deseo en las manos, un paquete de galletas príncipe (como sabe lo que nos gusta).
Empezamos la travesía acompañados por Ramón, la gente se frotaba los ojos, intentaba enfocar pues no podían creer lo que veían. Unos metros más adelante nos enfundamos en un abrazo como si a la guerra fuéramos a partir "gracias amigo, nunca olvidaré lo de las galletas". El se fue por un lado y nos dejó ante el peligro.
A uno de los nuestros se le empieza a dibujar una sonrisa picaresca sugiriendo acelerar el paso, mejor dicho correr. Riky le sigue durante unos kilómetros, Coco, Dani y yo decidimos ir más tranquilos. Nos volvemos a ver pasados unos kilómetros y decidimos seguir todos el mismo ritmo, pero el velocista engaña a Dani y hechan a correr. En el kilómetro 21 nos encontramos otra vez, había abandonado la estela de Marathonman. Quedamos asombrados de la frescura con la que afrontamos lo que queda. Coco empieza su idilio con la crema mágica, tras varios kilómetros le empezamos a atribuir propiedades desconocidas hasta el momento.
Maldito kilómetro 30, me regala una caricia en la pierna izquierda , pero intento disimular. Lo consigo gracias a un corredor, que más previsor que nosotros, me regala un ibuprofeno. Pasa el efecto y cada vez el dolor esta más presente en mi ritmo y en mi cara, preocupados el resto bajan el ritmo. Me quiero hacer el duro y finjo estar bien, intento convencer a todos de que me dejen ahí. Pero como no podía ser de otra manera y haciendo honor a su estilo, no me abandonan en ningún momento. Maldita sea!! lo tengo claro y no puedo aguantar más, no quiero soltar esa frase maldita, pero me quema la garganta de aguantarla. "Lo dejo, no puedo más". y en el kilómetro 45,3 se me acaba la aventura y obligo al resto que por solidaridad también lo dejan.
Pero todos me animaron diciéndome que el año que viene lo acabamos seguro.
Solo puedo decir que si no es con ellos no lo voy a intentar. Fantástica compañía, fantástica travesía, el año que viene espero estar acompañado de mis amigo para volver a pasarlo tan bien.
Por cierto Marathonman acabó de forma muy digna, 14:30h, es un crack!!
En la foto pongo alguna de las consecuencias.